jueves, 26 de agosto de 2010

Capítulo 21



-¿Estas bien?

Abrí mis ojos de golpe, todo se movía a mi alrededor, parpadeé varias veces y pude al fin tomarle forma a mi alrededor, note la pequeña lampara en el techo y los rostros de Rebbie y de Jermaine.

Me ayudaron a levantarme y me senté en el sillón continuo a la mesa en donde estabamos.

-¿Qué pasó?

-Te metiste en el libro...-Respondió Jermaine

-¿¡Qué?! Eso es imposible, ¿Cómo se puede entrar a un libro?

-Entonces dime... ¿Qué viste dentro...?

Me tomé de la cabeza con un pequeño dolor de cabeza, y por fin pude poner los pies en el piso, recordé cada microsegundo de aquel avistamiento que había tenido.

Con cierto miedo al saber ahora la verdad, la verdad de que ahora se quien era aquella criatura peluda y sobre todo... aquella criatura que le quito la vida a mi hermano.

Inconsciente, después de varios años, mis ojos se llenaron de lágrimas al recordar el dolor de aquel día y ahora por la verdad descubierta ahora.

Rebbie me abrazó como mi madre.

-Tranquila... se, que es dificil aceptarlo.

¿¡Dificil?! ¡Es más que eso!

Lloré como nunca lo había hecho.

Pasaron las horas, mientras ella y Jermaine me decían cada detalle de lo sucedido en el crépusculo de aquel día.

-...yo, estoy seguro que TODA mi vida me voy a sentir culpable...porque, si yo no hubiese traido ese libro, Michael no tendría aquella 'cosa' encima.

-Jermaine, no fue tu culpa y lo sabes...Tan sol eran unos niños.-Le respondió Rebbie.

Lo escuché sollozar y me impresione al ver como el duro rostro del chico se ablandaba para llenarse de finas gotitas.

-Pero... hay algo que no entiendo, cuando te vi Rebbie, Jermaine mencionó que tenías algo en la frente.

Ella como impulso se puso su mano, apartando su fleco.

-Observa con cuidado.

Entrecerre los ojos tratando de concentrarme al ver, al principio tan solo veía su oscura piel, pero... comenzé a sentir una especie de energía que me impedía mantener los ojos abiertos, forcejeé y al final pude divisar la debíl silueta de un triangulo en la frente de ella. Cada vez se hacía más nítido y al final no pude aguantar y tuve que cerrar los ojos.

Me los tallé con cierto dolor en ellos.

-¿Lo viste?

(...)

-Si

-Es una marca que me dejó aquel día, se puede decir que con el adquirí la habilidad de saber como se siente una persona.

-¿Leer la mente?

-No, se asemeja pero de otra manera, puedo sentir las palpitaciones de tu alma y a mi criterio se indentificar tus sensaciones y de cierta manera, te comprendo. ¿Entiendes?

Asentí con la cabeza.

-...e-es por esto que desde que te vi aquel día en el restaurante sostuve una actitud hostil.-Añadió el chico.

-Erronea si me lo preguntas.-Se apresuró a decir Rebbie.

-Esa es la diferencia; que no te estoy preguntado.

Guardé silencio, mientras trataba de calmarme.

-Hay...algo, que no entiendo.-Dije

-¿Qué es?.-Rebbie acarició mi cabello con delicadeza.

-Esa noche, cuando me atacaron, y Michael me salvó, el supo, por asi decirlo; controlar sus poderes, porque supo hacerse ver como humano y supo no atacarme. ¿Por qué con mi hermano, reaccionó así?

Rebbie miro de soslayo a su hermano.

-Pues... verás, en esos tiempos, Michael no sabía controlar sus poderes, y mucho menos sabía controlarse a la hora de transformarse, muchas veces tuvimos que encerrarnos Jermaine y yo con el, en una habitación hasta que la víspera de la luna llena terminará.

-¿P-pero, no los atacaba?

-No, de cierta manera, el sabe a quien distinguir a la hora de atacar, por ejemplo nosotros, nos une un lazo de sangre y por eso que nunca nos ha hecho daño. Y a ti...emmm... ¿todavía tienes ese anillo, cierto?

Desconcertada observé quieta mi mano, y pude ver el destellante anillo de plata. En eso todo encajó, desde el momento en que Michael menciono mi anillo era por el hecho de que era de PLATA, y hasta donde yo he leído, los hijos de la luna son debíles contra el plata por la razón que es de tipo lunar, como lo llamaban en ciertas culturas, y la luna altera a los licantropos, los transforma, los sobrecarga de energía y aquello los hace (en algunos casos) asesinarlos con las famosas balas de plata y en otros casos, simplemente asustarlos, esa fue la diferencia que hubo en el hecho de que Michael no me ataco.

Toqué mi anillo como si fuese lo más preciado.

Escuchamos unos pasos provenientes de la escalera.

-Es Joe...-Respondió Rebbie.

-Será mejor que no vea a Melisa aquí.-Añadió Jermaine.

Me tomaron del brazo y me acompañaron hasta el restaurante que estaba a lado del edificio de su casa, tras una puerta.

Guardamos silencio, mientras escuchamos como los pasos se alejaban, guardaban silencio, y de nuevo volvian a escucharse para perderse a lo lejos.

Suspiré aliviada.

-Melisa, es hora de que te vayas, ya es muy noche, y Michael no tarda en regresar.

En eso...

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