
Retumbo un sonido seco, Michael saltó sobre su hermano Jermaine y trató de atacar a los demás.
-¡Michael! ¡No!
Pero no escuchaba.
-¡Basta! Detente, por favor.
Mi mano temblaba mientras sostenía la daga de plata que el me había dado.
No queria tener que cumplir aquel método que me dijo, no quería hacerle daño, eso sería lo último que haría, pero no me deja muchas opciones, nose que hacer.
Me tiré sobre el quitandoselo de encima con facilidad.
-¡Basta! ¡Que te sucede!
-Lo prometiste, Melisa.
Abrí los ojos de asombro.
-Prometiste seguir el método. ¡Cumplelo!
-¡No quiero, no quiero matarte!
-¡No hay otra opción!
-¡Tiene que haber una!.-Respondí euforica.
Volvió a arrojarsele ahora a Marlon que lo mantuvo en una posicion donde las mandibulas y garras de Michael lo tocaran.
-¡Melisa, que quieres decir con matar!
-El me dijo que solo había un método y me dio esto en respuesta.
Les mostré el arma que descansaba en la palma de mi mano.
-No, no puede ser
-Rebbie, por favor dime que hay otra forma.
Ella me miró a los ojos al borde las lágrimas, pero bajo la mirada avergonzada.
-No.-susurré horrorizada.
Escuché el grito agudo de alguien, sabiendo al 100% de quien se trataba, todos nos giramos, para ver a Michael dirigiendose a Janet.
Lo único que se escuchó fue como el golpe entre dos rocas, Latoya alcanzó a quitar a Janet del camino mientras, dos licantropos estaban al frente, uno de ojos amarillos, el otro de ojos color verde.
Podía sentir el metal quemandome la peluda piel, no le preste atención. Ambos estabamos a escasos centimetros.
-Por favor Michael, no quiero que esto acabe asi.-Le dije entre aullidos, no podía controlar las ansias de aullar y casi ladrar.
-Es la única manera.
Nos miramos detenidamente como la primera vez que nos vimos en aquella escuela. Sobraron las palabras, sus ojos me lo decian todo. Perdida en el amarillo de ellos, no proteste cuando el tambien tomó el arma que me quemaba y la tomó firmemente.
-No, por favor no lo hagas.
A pesar del aspecto de un animal y lejos de ser el tierno Michael de ojos cafés pude adivinar que asomaba una sonrisa.
-Te quiero mucho.
Sentí la caliente sangre derramarse por mi mano y mi muñeca, no despegamos nuestras miradas, pero la de el se iba desvaneciendo...





