lunes, 20 de septiembre de 2010

Capítulo 27



Llevaba ya rato corriendo atraves del bosque, de cierta manera, de tantas veces que he entrado ya sabía como conducirme en el. Y ahora que tenía estas nuevas 'habilidades' me era más comodo y rápido proseguir.

Me sentía de lo más rídicula mientras pensaba aquello y me maldecia a mi misma por no poner atencion sobre la ubicación del llamado refugio donde supuestamente se encontraba Michael.

Solo seguí mi instinto y corrí hacia donde yo creí, varias veces me encontraba con caminos que se iban separando y escogía el que me parecía mejor.

-No vengas.-Paré en seco.

Observé a mi alrededor tratando de advininar de donde venía aquella voz.

-¿Qué?

Comenzó a dolerme la cabeza mientras varías imagenes se agolpaban en mi mente con una película corriendo.

-No vengas, vete de aqui.

-¿Michael?

Las imagenes parecían tener más nitidez, podía ver el piso de madera, y la construcción.

-¿Donde estas?

-Por favor... vete.

-¡No!

Cuando grite eso, retome el camino esta vez más segura del terreno.

Era un roble, muy diferente a los demás. Estaba a un par de kilometros. Noté como el cielo se cubría de las densas nubes negras que amenazaban con una gran tormenta.

A lo lejos se podía ver los rayos tocar la tierra.

Sentí un dolor en mi estomago como si me hubieran dado un golpe en el estomago, imagenes de la metamorfosis de aquella noche volvieron a mi mente.

-No, no ahora.-Dije haciendo una mueca de dolor.

Con una mano en el estomago corrí de nuevo.

Tardé unos 40 min en llegar a un lugar el terreno era un poco empinado y los árboles se juntaban haciendose dificil ir entre ellos.

Llegué a un punto en el que ya no supe a donde ir, parecía que me había perdido, mientras el dolor en el estomago parecía recorrer como una descarga electrica todo mi cuerpo.

-Es aqui-Susurré.

Reinó el silencio.

-Te dije... que no vinieras.-Bruscamente me di la vuelta para no encontrar nada.

-¿Michael?

No me respondió.

-Por favor sal... necesito, hablar contigo.

-No puedo Melisa... no puedo.-Dijo con un tono cansado.

Seguí el sonido de su voz, detrás de un árbol, alcanzé a ver que se asomaba una mano peluda.

-Michael, tranquilo.- Susurré mientras rozaba su mano, el cual la quito inmediatamente pero lo alcanze a verlo frente a frente. De cierta manera ya no tenía miedo.

Se cubrió enseguida.

-Lo siento Melisa, lo siento...yo, no quise.

Lo tomé del hombro.

-No pasa nada, lo importante es que estamos aqui de nuevo reunidos, como los amigos que eramos.

Escuché un sollozo por parte de el.

-¡Pero mira lo que te hice, te convertí en uno de los mios!

-No me importa Michael, no me importa si estoy asi o me convierto en otra cosa lo único que quiero es que no me dejes, no por favor. Será más doloroso que todo esto que ha pasado.

-He arruinado tu vida, tu tenías libertad.

-¡Tu tambien!

-¡ASI NO!.-Gritó señalandose.

Hubo un incomodo silencio. Apenas cuando le iba a decir algo...

-Conozco un método para que vuelvas a la normalidad, sin riesgo alguno.

Me acerqué a el.

-No me importa como estoy, quiero--

-Prometemelo, dime que aceptaras, si tanto me amas por favor acepta el método.

-Yo...

Lo pensé detenidamente.

-De acuerdo, y tu prometeme algo

-Lo que sea

-Prometeme que nuestra amistad nunca se destruira.

Sus ojos amarillos se cristalizaron, agacho las orejas como lo hacen los caninos.

-Pe--

-¡Prometelo!

Siguió guardando silencio.

Avanzó entre unos arbustos y saco algo de entre las ramas estaba envuelto en un pañuelo de cuero.

-Para quitar la maldición, necesitas deshacerlo desde la raíz.

Colocó el objeto en mi mano envuelto. Sin poder entender, quité la cubierta y vi el asombroso brillo de una daga de plata. Entendiendo lo que me quería decir, lo miré estupefacta.

-Es la única manera.-Susurró.

-No, yo--

-¡Michael, Melisa!.-Escuché a lo lejos, era la voz de Jermaine y de los demás.

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