
-¡Michael, bienveni--
Sus hermanas se congelaron y estaba segura que era por mi presencia, las miré a los ojos algo confundida por aquella reacción.
-¿Niñas, que hacen? Ya vamos abrir y...-Dijo una señora de una edad avanzada de baja estatura. Y tambien se congelo junto con las demás.
-¡Mamá! Mira... ella es Melisa, es una amiga de la escuela, la traje para que conociera el restaurante.-Dijo colocandose a su lado.
-Mucho gusto señora.-Dije sonriente estrechando su delicada mano y parece que comenzaron a reaccionar.
-E-el gusto es mio.-En un segundo noté como el rostro de ellas se iluminó en un instante, y me recibieron calurosamente.
-Ella es mi madre: Katherine, y ellas son mis hermanas; Latoya, Rebbie y la pequeña Janet.-Dijo en orden mientras yo las saludaba.
-¿Quieres comer aquí?.-Preguntó Janet.
Miré a Michael...
-¡Claro! Y corre por la casa.-Exclamó Latoya mientras Rebbie me tomaba del brazo para sentarme en una mesa.
-No, yo... no quiero ser una molestia.-Dije tratando de explicarles pero parecía que no me escuchaban.
Me percaté de que Michael estaba en una esquina aguantandose las ganas de reir. Lo fulmine con la mirada y vino a sentarse conmigo.
-Te noto un poco nerviosa.-Dijo con un tono sarcastico.
-¡No! ¿En serio?.-Le respondí de la misma manera.
-¿Qué se te atonja comer?.-Se apresuro a decir Rebbie, mientras la más pequeña me dejaba el menú a la mano.
Lo observé rapidamente.
-Un jugoso bistec y una malteada de chocolate.-Me apresuré a decir.
-¡Perfecto! (riendo).-Dijo Latoya.
-¿Te he dicho que pareces una niña chiquita?
-No
-Muchachos un jugoso bistec y una malteada de chocolate.-Dijo Rebbie asomandose a la cocina.
-Ven.-Dijo Michael tomandome de la mano llevandome a la cocina.
-Oigan chicos, les presento a mi amiga Melisa.-Dijo muy sonriente.
-¡HOLA MELISA!.-Exclamaron todos en coro y aquello me sorprendio y a la vez me causo gracia.
Los comenzé a ver y los conté, tan solo había 8 hermanos (contando a Michael)
-Mi hermano Jermaine aún no llega, el trabaja de abogado.
-Si con un grupo de cabezas huecas.-Vi a un chico mientras caminaba con unos platos en sus manos y una gran sonrisa.
-Calla Marlon, si te llega a escuchar...-Dijo otro que le daba vuelta a lo que yo creo seria mi bistec.
-¡ay Randy! ¿A poco no estas de acuerdo? Nose como Jermaine puede soportarlos.
-¿Melisa, quieres tu malteada con crema batida?.-Me pregunto uno que era un poco más musculoso y de cara redonda.
-Si, por favor.-Me apresure a decir.
-Tito, siempre de distraido.-Volvió a decir Marlon.
-¿Qué? ¿Qué dije?.-Algunos se rieron.
-¡Hey! ¿Y Jackie?.-Dijo Michael buscandolo con la mirada.
-Aqui estoy.-Me asusté pues ya estaba a mi lado, tomó mi mano y la besó haciendome sonrojar a mi y a Michael.
-Mucho gusto, Melisa.-Me sonrió, era apuesto, de hecho todos y todas eran muy apuestos.
-Te presentamos a Jackie, el cajero.-Dijo Randy chocando las manos con Marlon entre risas.
-Ven, regresemos a sentarnos.-Dijo Michael, lo seguí. Aquella familia me habia gustado mucho, eran muy divertidos, supongo que Jermaine tambien lo es.
Recordé a Paulina, mi compañera de laboratorio, ella decía que Michael era muy frío con algunos pero a mi me parecia que me queria tomar el pelo, el resulto ser muy amable conmigo, acaso ¿Había algo que no conocía de Michael?
Aquella tarde me la lleve en aquel restaurante, ellos se divirtieron conmigo cuando me dijeron que no iban a abrir el restaurante por mi, me senti muy apenada. Aunque había una ambiente muy cómodo, al único que no vi fue a su padre, según me dijeron el llegaba tarde del trabajo.
-Oh, entonces tus padres te mandaron a Mcallen. ¿Debe ser muy diferente verdad?
-Si, allá es un poco más soleado.
-Me gustaría irme a broncear ahí.-Dijo Latoya mirando hacia arriba imaginandose en una playa.
-Si, y conocer a unos cuantos chicos.-Añadio Janet picaramente.
-¡Ni lo sueñes burrita!.-Exclamó Marlon.
-Si traes un chico a la casa, le va a pasar esto...-Dijo Tito mientras hacia un ruido y hacia una semejanza un corte en el cuello.
Janet se asustó.
-Pero entonces ¿Por qué Rebbie puede darse de besos con el chico de la tintoreria y no le han hecho nada?
-¡¿QUE?!.-Exclamaron todos los varones.
-E-eh...¡Janet! No seas mentirosa.-Dijo con un claro signo de nerviosismo.
En eso se abrió la puerta.
-Buenas noches, familia.-Todos nos giramos mientras observaba a un chico más alto que Michael con un traje y se quitaba el sombrero, no tarde en toparme con sus ojos, pensé que reaccionaria igual que todos, primero congelandose y luego con felicidad.
-¿Hola?.
-¡Ah! Jermaine ella es Melisa, es una amiga de la escuela.-Me levanté y le sonreí, pero el tan solo me miro de arriba-abajo.
-¿Ya es muy noche no crees, Michael?.-Dijo mirandolo y encarando una ceja. Michael agachó la cabeza y se hizo un silencio incomodo.
-C-creo que tenemos que ir a preparar lo de mañana, mamá.-Dijo Randy rompiendo el hielo.
-¡ah, si! Tenemos que ir.-Todo se levantaron, Jermaine caminó hasta el final del restaurante donde habia otra puerta y supuse que conectaba con la casa.
-Disculpame.-Susurró Michael.
-¿Eh? ¡N-no, no no! Yo...estoy bien, supongo que no era un buen día para que yo viniera.
-Melisa...tengo que decirte algo...
Nos sentamos en una mesa más alejada de la cocina donde estaban todos.
-Escuchame, desde ahora te lo digo, ten mucho cuidado.
-¿De qué hablas?
-Sobre todo en las noches, nunca se te ocurra salir en la noche...
-¿Por qué?
Suspiró.
-Nunca vayas de noche al bosque ni te acerques, porque...*gulp*
-¿Que?
-Pues aqui... bajan los osos de la montaña y, a habido ataques, cada vez más frecuentes porque ahorita estan escarbando la tierra y salen de sus hogares en busca de comida. Por eso te lo digo, los osos han llegado a estar enfrente de mi restaurante y hasta en plena avenida.
Noté un tono diferente en la voz de Michael.
-Aaah...esta bien. ¿Oye te puedo preguntar algo?
-Dime
-Cuando estuve con Paulina en la clase de Química, ella me pregunto que como podia estar contigo, y me dijo que tu eres muy frio con los demas.
Aquello lo desconcerto, parpadeó varias veces.
-Te lo diré, tarde o temprano, pero te lo dire. Ahora será mejor que te vayas, Jermaine tiene razón esta oscureciendo. Te lo prometo, te lo dire pero por favor, por ahora solo hazme caso.
Por alguna extraña razón, al ver sus ojos, noté que estaba diciendo la verdad.
-Esta bien, te creo...te creo.
Me levante y tomé mis cosas, me acompaño hasta mi carro, me sorprendí al ver que la calle estaba completamente sola, ¿Acaso eran tan feroces esos osos?
Aún con ese pensamiento en mi cabeza, conducí hasta mi casa y traté de dormir.
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