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Lo observé mientras caía toscamente en el frío suelo, me quede inmovil al igual que todos, mis ojos se posaron en el arma que aferra con debilidad. Dejé caer la daga horrorizada de lo acontecido hace unos segundos, mis ojos se abrieron de par en par y por fin pude reaccionar, con un grito ahogado me agache junto a Michael y tomé su mano que temblaba y estaba manchada de su propia sangre.
Nos miramos a los ojos como si las palabras sobraran, esa dulce mirada renacia de aquellos ojos amarillos como el oro.
-¿P-por qué?
Tardamudeé en tono bajo, el se limito a parpadear debilmente.
-P-por muy...hombre lobo que sea... n-nunca...n-nunca...olviden...q-que, los a-amo...
Mi vista se nublo a causa de las lágrimas y no pude sostener más la mano de el ya que cayó pesadamente al suelo.
Un estruendo se escuchó poniendonos los pelos de punta, todos observamos el cielo, mientras las nubes se juntaban creando espectaculares relampagos y ruidosos truenos, de un momento a otro oscureció.
Eran apenas las 2:00 de la tarde cuando el ambiente estaba oscuro como boca de lobo.
Me sentí mareada y la respiración parecía aumentar su ritmo, sin poder controlar aquello, me tiré al suelo junto a Michael mientras sufría de inmensos dolores en todo el cuerpo, iguales a los de aquella noche.
El viento aullo terriblemente entre las copas de los árboles que se movían tan rudamente con la amenaza de desprenderse.
-¡Cuidado!-Alcanzé a escuchar mientras todos se protegian en una cueva a unos metros.
Había un sabor extraño en mi boca, como de oxido, de sangre...
En el horizonte pude ver como se alzaba el gran astro de la noche, con suma lentitud que parecían horas.
No podía entender que era lo que estaba pasando en aquellos momentos, todo en mi mente era un revoltijo de pensamientos y sensaciones, no podía ver con claridad todo a mi alrededor parecía moverse como un remolino.
Asustada por lo que pudiera pasar trate de captar cada movimiento en el ambiente pero simplemente, me resultaba imposible.
¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué todo tenía que ser así? Me dolía el corazón había pérdido a un amigo, que digo un amigo, casi un hermano para mí, ya no había que se pudiera hacer para enmendar esto una vida se había acabado y por lo que estaba pasando tal vez vaya a ver otra vida que acabe... la mía.
Traté de recordar los momentos felices que pase en ese lugar desde que llegué aquí desde que entre en aquel plantel educativo donde un chico de cabellos oscuros y ojos de color café me saludó.
Vaya vida la mía si es que sobrevivia nunca iba a olvidar esto, nunca.
La luna llevaba un movimiento erratico, cuando de repente se detuvo justo encima de nosotros.
Seguí tendida junto al cuerpo sin vida de mi amigo.
Sentí como si me invadiera un inmenso sueño, parpadeé varias veces, de repente pude ver un punto negro a lo lejos que contrastaba con la luna, parecía una caja, una caja negra.
¡La caja negra!
Esta se detuvo a escasos metros por sobre de nosotros, se abrió como si nada y de nuevo estaba aquel libro viejo estampado de terciopelo.
Escuché un clac y se abrió...
La luna pareció un gran cañon, arrojó un gran rayo dirigido al libro.
Un pequeño rayo de luz aumento de tamaño cubriendonos de luz a mi y a Michael. De repente dentro de todo aquel espectaculo de dolor, sentí la suave brisa como si fuera primavera, me acarició el pelaje y el hocico.
Levemente encorvé mi espalda y tomé aire, al final, suspiré lentamente y pude ver como una luz saliera de mi boca.
¿Será mi alma? Pensé.
Tal vez lo sea, miré al chico a mi lado pero la luz de el provenia de todo su cuerpo e iba aumentando hasta que lo único que tenía a mi lado era una inmensa luz.
-Yo te amo más.-Susurré cerrando los ojos preparada para el final...
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Desperté aturdida, traté de incorporarme y caí sobre algo húmedo, miré al suelo y noté que estaba en un riachuelo, aún sin poder captar bien, me giré para poder acercarme al agua y echarmela en la cara.
De repente sentí algo extraño en mi rostro, parpadeé varías veces, viendo el COLOR de los árboles a mi alrededor, me asomé de nuevo a la cristalina agua y pude ver el color pálido de mi rostro humano, lo toqué sin poder creerlo aún, con mis manos recorrí mi cuerpo, estaba completo no le faltaba nada y estaba como siempre.
Miré al cielo, y me di cuenta de que estaba vez era de noche pero en el horario correcto.
Sin importarme me senté de nuevo en medio del riachuelo tratando de entender todo lo que había pasado.
-¡Niña sal de ahí, te vas a enfermar!- Me giré casi como herida por el rayo al reconocer instantaneamente aquella voz que me llamaba a mí, y lo vi...
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoooOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Llevaba rato corriendo sin importarme a donde me dirigía, estaba feliz, muy feliz de estar vivo, cuando me había despertado asustado por todo lo ocurrido, es extraño morir y luego volver a la vida, es algo inexplicable pero cuando abrí mis ojos y ver que estaba bañado en luz de luna sin que esta me afectara, brinqué de felicidad.
Enseguida comenzé a correr y hasta ahora no me he detenido, estaba realmente feliz, por primera desde mas de 10 años pude salir al exterior sin temor al anochecer, ya no era más un hijo de la luna.
Ya no lo iba a hacer más.
Pero me habia nacido una duda al mismo tiempo que mi felicidad
¿Donde estaba Melisa?
Esa se sumaba a las miles de razones por las cuales corría por el bosque, entre tanto árbol pude abrirme paso en un claro, corrí y pude ver a la mio una jauria de lobos que corría jugueteando a mi alrededor, de cierta manera no les tenia miedo, a esos lobos ya los conocia, reconocí a la matriarca una loba de 9 años de pelaje café y a sus 3 cachorros ya crecidos, y junto a todos era una gran jauria de 14 miembros.
Seguí corriendo y entonces hubo un momento en el que tenia que tomar una decision
-¿Derecha o izquierda?
Me encogí de hombros y escogí la izquierda.
No tardé mucho en escuchar el correr de un riachuelo que muchas veces vi.
Pero me detuve al escuchar el cuchicheo de dos voces.
Me escondí entre los arbustos, ya no era como antes donde mis patas peludas me permetian no hacer ruido.
Me asomé y quede asombrado con lo que mis ojos estaban presenciando.
Pude ver a Melisa abrazando a su hermano Zafiro, al parecer era su espiritu ya que lo rodeaba una inmensa luz blanca, ella parecía muy feliz. Se separaron y se tomaron de las manos se miraron a los ojos y al final el le dio un beso en la mejilla.
El se despidió y de repente dos gigantescas alas se abrieron de par en par y al mismo tiempo en el cielo las nubes negras se abrieron para abrir un camino de luz, el alma de su hermano ascendió al cielo y se perdió a la lejanía.
-¡Te amo, Zafiro!
Gritó ella, la miré tiernamente y salí a su encuentro.
-Hola.-Le dije, ella me miró pasaron los segundos y me sonrió, le correspondí y nos abrazamos no había necesidad de palabras.
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